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El desierto de Atacama se tiñe de acuarela en un mar de flores  

El desierto de Atacama en Chile, conocido por ser el más seco del mundo, se vio afectado por una inusitada serie de aluviones durante marzo de 2015, dejando tras de sí a más de 30 personas muertas y 40 desaparecidas, producto del deslizamiento de tierra y el desbordamiento de ríos, principalmente, en una de las tragedias más grandes de la región en las últimas décadas.

Estas mismas lluvias han sido las responsables de una inusual dilación en el florecimiento del desierto: en San Pedro de Atacama, el desierto ha comenzado a florecer con una fuerza que no se le había visto desde hace 20 años, adornándolo con una verdadera cortina de flores endémicas.

El fenómeno conocido por el nombre de desierto florido” se produce por períodos que varían desde los 3 a los 10 años, generándose en temporadas en las que caen más precipitaciones de agua que el promedio anual. Así, el exceso de lluvia de este año dotó al desierto de Atacama no solo de miles de germinaciones coloridas en un terreno plano y normalmente deshidratado, sino además de una mayor duración para estas flores que han vuelto a despertar tras un largo sueño.

La floración del desierto es una maravilla de la naturaleza particularmente inusual que se da, de hecho, solo en otros dos países del mundo, Estados Unidos y los desiertos centrales de Australia, y aún así, no con la intensidad que se da en Atacama. La receta requerida para que el fenómeno del desierto florido se lleve a cabo es una pizca de agua para el invierno, temperaturas idóneas para la temporada de crecimiento, y semillas en espera para la primavera. Las semillas en estado de latencia, ocultas y pacientes entre la tierra y las rocas, son fundamentales: cada ciertos años vuelve a la vida la flora del desierto, para colorear como a una pintura llena de acuarela a la región.

Este año, no obstante, y debido a los aluviones de marzo, la floración del desierto no comenzó en primavera, como se espera que suceda cuando la lluvia del invierno sobrepasa al promedio anual de la región: las semillas comenzaron a resquebrajarse durante marzo y abril, temporada correspondiente al otoño para los países del hemisferio sur, y por ende, para el desierto de Atacama, en Chile. Esta intensidad de los brotes nunca se había visto antes, y se ha dado ya dos veces durante este año, volviendo a repetirse tras las lluvias de agosto. “Es algo inédito en la historia del país”, sentenció el director regional para Atacama del Servicio Nacional de Turismo en Chile, Daniel Díaz, para la agencia en España EFE: verde. “Estamos sorprendidos”. Se esperan unos 20.000 turistas para noviembre, época en la que seguirá llenándose de verde y rosa el extenso manto del desierto.

El desierto de Atacama compartió el duelo de sus habitantes tras la tragedia de marzo, y ahora queda a la espera de los miles de turistas que podrán agasajarse con el portento del desierto florido, como una despedida en tributo del planeta y de las incontables flores que han vuelto a renacer.

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